El aporte de las fuentes orales a la reconstrucción de la memoria histórica

Migdalia Chávez de Obando

https://orcid.org/0009-0007-7694-8972

Universidad Autónoma de Chiriquí; Panamá

migdalia.chavez@unachi.ac.pa

Fecha de recepción: 31 de mayo de 2026

Fecha de aceptación: 30 de junio de 2026

Fecha de publicación: 31 de julio de 2026

DOI: https://doi.org/10.59722/riic.v3i2.1230

Cómo citar: Chávez de Obando, M. (2026). El aporte de las fuentes orales a la reconstrucción de la memoria histórica. Revista Iberoamericana de Innovación Científica JA TUAIDA, 3(2), 150–167. https://doi.org/10.59722/riic.v3i2.1230

RESUMEN

El presente ensayo analiza la relevancia de las fuentes orales en los estudios historiográficos panameños, considerando como eje principal el testimonio de Calixto Bristán. Se parte de la premisa metodológica particular de que la oralidad no pretende sustituir al documento escrito, sino complementarlo y, en ocasiones, confrontarlo para profundizar la comprensión del pasado. En este sentido, el objetivo es analizar el aporte de los testimonios orales a la reconstrucción de la memoria histórica panameña, contrastado con literatura científica de diversos autores sobre historia oral, memoria, patrimonio intangible y enseñanza de la disciplina. El análisis evidencia que los registros verbales aportan humanidad a la narrativa histórica, los cuales permiten examinar procesos sociales como la vida cotidiana, el activismo y la memoria familiar de actores de sectores populares omitidos por los registros oficiales. En términos metodológicos se subraya la necesidad de recopilar e interpretar los relatos bajo rigurosos criterios éticos y contraste documental, asegurando la validez científica. El aporte principal es el análisis de las vivencias de Calixto Bristán que revela que la memoria individual se entrelaza con hechos históricos nacionales como la Guerra de los Mil Días y la Separación de Panamá de Colombia, que ofrece perspectivas subjetivas sobre la identidad proletaria. Finalmente se establece que preservar los archivos orales e integrarlos en el sistema académico son acciones necesarias para fortalecer la historiografía panameña y promover el derecho al recuerdo y una visión crítica del porvenir social.

Palabras clave:

historia oral; memoria colectiva; método histórico; patrimonio cultural inmaterial; tradición oral.

The Contribution of Oral Sources to the Reconstruction of Historical Memory

ABSTRACT

This essay examines the significance of oral sources in Panamanian historiography, focusing primarily on the testimony of Calixto Bristán. It is grounded in the methodological premise that oral evidence is not intended to replace written records, but rather to complement and, at times, challenge them in order to deepen our understanding of the past. Accordingly, the essay aims to analyze the contribution of oral testimonies to the reconstruction of Panamanian historical memory by engaging with scholarly literature on oral history, memory, intangible cultural heritage, and the teaching of history. The analysis shows that oral accounts add a human dimension to historical narratives and make it possible to examine social processes such as everyday life, activism, and the family memories of individuals from popular sectors who have been overlooked in official records. From a methodological standpoint, the essay emphasizes the need to collect and interpret these narratives according to rigorous ethical standards and to corroborate them against documentary evidence, thereby ensuring scholarly validity. The study’s main contribution lies in its analysis of Calixto Bristán’s lived experiences, which reveals how individual memory is intertwined with major events in Panama’s national history, such as the Thousand Days’ War and the Separation of Panama from Colombia, while offering subjective perspectives on proletarian identity. Finally, the essay argues that preserving oral history archives and integrating them into academia are essential steps toward strengthening Panamanian historiography, promoting the right to remembrance, and fostering a critical understanding of society’s future.

Keywords:

oral history; collective memory; historical method; intangible cultural heritage; oral tradition.

A contribuição das fontes orais para a reconstrução da memória histórica

RESUMO

Este ensaio analisa a relevância das fontes orais nos estudos historiográficos panamenhos, tomando como eixo central o testemunho de Calixto Bristán. Parte-se da premissa metodológica de que a oralidade não busca substituir o documento escrito, mas complementá-lo e, em determinadas circunstâncias, confrontá-lo, a fim de aprofundar a compreensão do passado. Nesse sentido, o objetivo é analisar a contribuição dos testemunhos orais para a reconstrução da memória histórica panamenha, estabelecendo um diálogo com a literatura científica de diferentes autores sobre história oral, memória, patrimônio cultural imaterial e ensino de História. A análise evidencia que os registros orais conferem uma dimensão humana à narrativa histórica e possibilitam examinar processos sociais relacionados à vida cotidiana, ao ativismo e à memória familiar de sujeitos pertencentes às camadas populares, frequentemente omitidos dos registros oficiais. Em termos metodológicos, ressalta-se a necessidade de coletar e interpretar os relatos com base em rigorosos critérios éticos e na confrontação com fontes documentais, de modo a assegurar a validade científica da pesquisa. A principal contribuição do estudo reside na análise das experiências vividas por Calixto Bristán, a qual revela que a memória individual se entrelaça com acontecimentos históricos nacionais, como a Guerra dos Mil Dias e a Separação do Panamá da Colômbia, oferecendo perspectivas subjetivas acerca da identidade proletária. Por fim, sustenta-se que a preservação dos acervos de história oral e sua integração ao meio acadêmico constituem medidas necessárias para fortalecer a historiografia panamenha, promover o direito à memória e fomentar uma compreensão crítica do futuro da sociedade.

Palavras-chave:

história oral; memória coletiva; método histórico; patrimônio cultural imaterial; tradição oral.

Introducción

Las narrativas históricas de Panamá se basan principalmente en documentos oficiales, registros formales e informes, y en voces asociadas al ámbito político y administrativo. Estos constituyen fundamentos cruciales de la disciplina historiográfica; sin embargo, la memoria colectiva resguarda realidades que no aparecen en los archivos y que también pueden rastrearse mediante fuentes orales. La historia oral amplió su presencia en la historiografía contemporánea durante la década de 1980 y se incorporó progresivamente a la enseñanza en América Latina durante la década de 1990. Esta herramienta metodológica recupera testimonios aislados y, además, permite crear archivos escolares y comunitarios que enriquecen la comprensión del pasado mediante las voces de sus protagonistas (Benadiba & Plotinsky, 2001). Asimismo, las trayectorias laborales, las dinámicas familiares, las condiciones de pobreza y los recuerdos de la vejez emergen desde espacios menos visibles de la memoria colectiva.

El interés por estas narrativas surge durante el proceso de delimitación de tesis de graduación en el Centro Regional Universitario de David, en Chiriquí (Panamá). Ante la escasez de fuentes bibliográficas y documentales sobre aspectos clave de la historia nacional, se recurre a las memorias de Calixto Bristán como fuente principal de información. Esta decisión se toma bajo la orientación del asesor de tesis, luego de escuchar en reiteradas ocasiones entrevistas radiales en las que el líder social narraba episodios de la historia panameña que no figuraban en los registros escritos.

Desde esta perspectiva, Rodríguez López (2022) enfatiza que recolectar información de fuentes primarias permite resaltar su valor como reflejo y unión de las memorias individuales y comunitarias de una época. Por consiguiente, la entrevista realizada a Calixto Bristán se convirtió en un componente esencial de la investigación. Su testimonio no fue una herramienta improvisada, sino una fuente que permitió acercarse a hechos históricos, emociones y perspectivas subjetivas sobre la historia de Panamá.

Meneses Varas (2020) señala que la historia oral permite colocar a las personas en el centro del conocimiento histórico. Esta idea ayuda a comprender el valor de los testimonios, porque la voz de quienes vivieron los hechos aporta una dimensión humana que muchas veces no aparece en los documentos escritos.

Asimismo, Schellnack-Kelly y Saurombe (2024) destacan la importancia de compartir experiencias sobre el uso de recursos educativos abiertos (REA) para enseñar historia oral en proyectos de transformación comunitaria. Según los autores, la colaboración ayuda a crear REA más inclusivos y de mayor calidad que fortalecen el trabajo de educadores y archiveros. Por su parte, Rodríguez López (2022) refuerza la idea de que las fuentes orales forman parte del patrimonio intangible, porque contribuyen al conocimiento de la vida cotidiana.

Desde esta experiencia investigativa, la historia oral permite humanizar los acontecimientos históricos al recuperar las voces, emociones, percepciones y recuerdos de quienes vivieron los procesos sociales. En el caso de Calixto Bristán, el testimonio recopilado durante la investigación de licenciatura en 1978 se convierte en una fuente valiosa para reflexionar sobre la memoria nacional, la transmisión intergeneracional del pasado y la necesidad de preservar relatos orales antes de que desaparezcan.

La pregunta orientadora del análisis es simple: ¿De qué manera el testimonio de Calixto Bristán confronta el archivo oficial y visibiliza la identidad proletaria de los sectores populares? Este es el eje central que orienta el siguiente ensayo; mediante este cuestionamiento se examinan las vivencias individuales y una profunda reflexión sobre quiénes tienen derecho a construir la historia de un país. Los registros orales transmiten y muestran emociones, dudas, silencios y formas personales de recordar que permiten hacer nuevas preguntas sobre el pasado.

A raíz de este marco analítico, el artículo se presenta como un ensayo científico de naturaleza histórica y argumentativa, que se fundamenta en el análisis de literatura que abarca la historia oral, la memoria colectiva, el patrimonio cultural inmaterial y la educación de la disciplina. Partiendo de esta experiencia, se escoge como eje analítico el testimonio de Calixto Bristán.

Desde esta perspectiva, el aporte de este ensayo no consiste solo en defender el uso de las fuentes orales como apoyos metodológicos sino en evidenciar que estas fuentes permiten escribir la historia panameña desde otras voces, especialmente aquellas que han quedado al margen del relato oficial.

A través del testimonio de Calixto Bristán se puede examinar la memoria histórica nacional desde otra perspectiva, ya que su relato no se limita a presentar hechos políticos, fechas o decisiones institucionales, sino que reconstruye la experiencia vivida por un sujeto perteneciente a los sectores populares.

La historia oral es un enfoque de investigación que permite producir, registrar, interpretar y conservar testimonios sobre experiencias vividas. Su desarrollo responde a una forma de hacer historia más atenta a las voces de las personas y a los acontecimientos políticos y sociales. También recupera la narración como una forma válida de construir el relato histórico (González & Pagès, 2014).

La fuente oral es el registro verbal que se utiliza como evidencia histórica. Puede provenir de una entrevista, un relato, un discurso o una conversación grabada. Según Meneses Varas (2020), estas fuentes muestran cómo los sujetos organizan y comprenden su experiencia en el tiempo. En esa misma línea, Rodríguez López (2022) señala que los registros orales ayudan a interpretar culturas políticas, saberes, ideales y posturas compartidas por una comunidad.

La tradición oral, en cambio, se refiere a conocimientos, valores, prácticas y expresiones transmitidas de generación en generación. No siempre procede de una experiencia vivida directamente por quien narra. Un ejemplo de ello se observa en el contexto de Guapi, donde confluyen legados africanos, indígenas y europeos que se conservan mediante la transmisión oral (Sinisterra & Ruiz, 2024).

El testimonio es una narración personal sobre hechos vividos, presenciados o conocidos. Puede expresar una experiencia individual, pero también una vivencia colectiva. Domínguez-Acevedo (2019) lo reconoce como una herramienta importante para comprender acontecimientos sociohistóricos, especialmente aquellos vinculados con procesos de violencia política ocurridos desde la segunda mitad del siglo XX.

La memoria histórica es una construcción social y cultural. A través de ella, una comunidad recuerda, interpreta, selecciona y transmite hechos del pasado. Castrillo et al. (2022) la relacionan con aquellos acontecimientos que ciertos colectivos consideran dignos de ser recordados.

Desde esta distinción, una entrevista diseñada por una investigadora puede entenderse como una fuente oral producida mediante la metodología de la historia oral. En cambio, un relato transmitido entre generaciones pertenece al campo de la tradición oral.

Desarrollo

La voz como fuente histórica

Las fuentes orales no constituyen una simple conversación ni una anécdota añadida para hacer más atractivo un relato; por lo tanto, son evidencias históricas que se producen en un encuentro donde alguien pregunta, alguien recuerda y ambos dialogan desde un contexto determinado. En este ámbito, la voz se reconoce como una fuente válida para estudiar el pasado, pues permite preservar recuerdos, silencios y olvidos individuales y colectivos, así como memorias diversas e incluso contrapuestas.

Por lo tanto, la historia oral recolecta información y, además, se consolida como un método de entrevista que permite comprender cómo se recuerda, desde dónde se habla y qué relaciones de poder atraviesa ese recuerdo, lo que permite analizar la memoria, la subjetividad y la forma de recopilar e interpretar estos testimonios (Castrillo et al., 2022; Reynolds, 2024).

A pesar de este rigor, descartar los testimonios orales por considerarlos subjetivos empobrecen la comprensión del pasado y reduce la historia a lo que quedó escrito en documentos oficiales. Es cierto que toda fuente debe analizarse con cuidado, pero esta permite acercarse a memorias, emociones, silencios y experiencias sociales. Por lo tanto, no es una evidencia menor, sino una vía complementaria que promueve formular nuevas preguntas desde otras experiencias. Sin embargo, el uso de testimonios orales ha sido relegado históricamente por círculos académicos tradicionales, los cuales suelen calificarlos como recursos subjetivos que deforman la comprensión del pasado (Coronado Ruiz & Giménez García, 2022).

Desde la postura de este ensayo, tal enfoque restringe el campo de la memoria al excluir voces y vivencias ausentes en los registros escritos. Ante esto, cabe preguntarse si la fuente escrita constituye una forma de emisión que constata un hecho y la fuente oral, una transmisión que guarda, recrea y comunica la experiencia vivida. Por eso, la oralidad es otra forma válida de aproximarse al pasado y no sólo una fuente menor (Meneses Varas, 2020; Rodríguez López, 2022).

Para superar dicho distanciamiento conceptual, resulta indispensable integrar nuevos testimonios al análisis historiográfico, considerando los testimonios orales como material válido, siempre que se utilicen métodos rigurosos de interpretación y comparación documental (Rizo García, 2021; Meneses Varas et al., 2021). En este sentido, los procesos históricos van más allá de las batallas, las fechas y los documentos oficiales que abarcan experiencias vividas, emociones, silencios y memorias que revelan las dimensiones humanas del pasado (Meneses Varas, 2020; Rodríguez López, 2022). Es precisamente en la entrevista donde la persona organiza su memoria y le da sentido a la experiencia vivida; por ello, González y Pagès (2014) consideran el testimonio oral como una herramienta que facilita la creación de archivos con la dimensión de interpretación personal. En la escucha analítica son comunes las pausas, las dudas y las imprecisiones en las fechas, estas evidencian que la memoria es un archivo dinámico con la capacidad de seleccionar, conservar y dar significado a los sucesos que enmarcan una sociedad.

Finalmente, la construcción de información basada en una entrevista científica con fuentes orales se fundamenta como un ejercicio humanístico. Al respecto, Ricoeur (2004) recuerda que la memoria es una reflexión que no debe reducirse a una afirmación absoluta de la realidad objetiva, lo que obliga al investigador a una vigilancia metodológica. En el caso de Calixto Bristán, este postulado teórico toma sentido práctico, porque este testimonio no fue un descubrimiento inmediato sino producto de una construcción de confianza paulatina a través de múltiples encuentros, grabaciones y superación mutua de desconfianza inicial.

Memoria, vida cotidiana y temas populares

La interpretación social de factores como el trabajo, la infancia, la pobreza, la comunidad y los grupos sindicales depende de la posición dentro de ella. Como señala Domínguez-Acevedo (2019), los testimonios narrativos constituyen la única conexión con la historia, la memoria, la cultura y la educación a través de los tiempos. Cuando los registros oficiales callan u omiten aspectos, la historia oral surge en sí como un espacio abierto. En esa línea, Ciro Solórzano y Caro-Lopera (2020) señalan que la reconstrucción de la memoria histórica implica recorrer los recuerdos vinculados con las postdictaduras y el posconflicto, especialmente cuando se buscan propuestas educativas que contextualicen el pasado desde la realidad de los sectores populares.

Desde esta perspectiva metodológica, la obra Memorias de un proletario, basada en la biografía de Calixto Bristán, muestra cómo una experiencia personal se entrelaza con la historia nacional. Su relato permite aproximarse a acontecimientos de finales del siglo XIX e inicios del XX, como la Guerra de los Mil Días —1899–1902— y la separación de Panamá de Colombia, ocurrida en 1903, desde la perspectiva crítica de un sujeto perteneciente a los sectores populares.

El testimonio permite comprender aspectos de la vida cotidiana, los pequeños negocios, el sindicalismo y la construcción de una conciencia social propia. De este modo, evidencia que la historia nacional también fue construida por quienes experimentaron la pobreza, el trabajo, los desplazamientos y las transformaciones políticas de la época.

En este sentido, Bristán no es sólo alguien que recuerda el pasado. Es un sujeto histórico. Su memoria ayuda a comprender cómo los sectores populares interpretaron los cambios sociales de su tiempo y construyeron una conciencia propia frente a la desigualdad, el trabajo y la pertenencia nacional.

Memorias de un proletario permite ver que la historia de Panamá no se construyó únicamente desde los grandes acontecimientos ni desde los protagonistas reconocidos por la historia oficial. También se formó desde las experiencias de personas comunes, cuyas voces ayudan a entender mejor la realidad política y social de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

Esta conexión dinámica se fortalece al evaluar el testimonio de Bristán y la interacción personal con procesos históricos de la época. Esta biografía evidencia el transcurrir de su vida en una nación en conflicto a través de su paso por el trabajo de la tierra, el mar, el ejército, el sector de la construcción, aspecto laboral que lo vinculó directamente con las primeras agrupaciones gremiales, lo cual consolidó, en la década de 1920, su visión crítica con ideas marxistas y anarquistas en contra de las desigualdades y disputas por los derechos sociales.

El testimonio ofrece hechos claros sobre la identidad proletaria y resalta participaciones clave de personajes como José Vargas Santos, José Manuel Marroquín, Victoriano Lorenzo, Manuel Quintero Villarreal y líderes del movimiento obrero. De esta manera se fortalece la participación de aquellos sectores populares como forma de reivindicación social mediante conexiones dinámicas de la historia general, siendo la memoria individual la herramienta que conecta los procesos políticos de una época; de ahí nace su importancia y valor en la sociedad (Meneses Varas, 2020; Rodríguez López, 2022; Schellnack-Kelly, 2024).

Por último, la narrativa construye una alta sensibilidad histórica que trasciende lo individual e integra lo grupal; en esta línea, emociones como el temor, el anhelo, la oposición y la pertenencia resurgen en la narración oral. Estos elementos, ausentes en los documentos oficiales, son indispensables para comprender cómo la gente común vivió, sufrió y experimentó los acontecimientos desde su propia perspectiva (Kamarudin & Denison, 2022; Schellnack-Kelly, 2024; Coronado Ruiz & Giménez García, 2022).

Por consiguiente, este tipo de narración tiene una doble relevancia porque aporta sentido a la información y redefine cómo se ubica la persona dentro de la narrativa histórica nacional. Mientras Kamarudin y Denison (2022) indican que la historia oral es clave en la generación de la memoria colectiva, Schellnack-Kelly (2024) la conecta con la creación de archivos académicos inclusivos, que permiten captar experiencias no recopiladas dentro de un archivo convencional. En definitiva, la voz de un anciano o una anciana no pretende llenar los vacíos del pasado, sino que obliga a formular mejores preguntas y recuperar los matices de la vida social que se pierden en los documentos oficiales.

El cuidado metodológico del testimonio

El trabajo con fuentes orales exige procedimientos metodológicos rigurosos. La entrevista requiere preparación minuciosa que abarca la revisión bibliográfica, el diseño de una guía flexible, la obtención del consentimiento informado del sujeto y asegurar una grabación apropiada; un proceso que continúa con la transcripción, la organización temática, la comparación con los relatos escritos y la interpretación. En este sentido, Rizo García (2021) considera la historia oral como una herramienta metodológica para abordar experiencias corporales y subjetivas.

Esta rigurosidad metodológica brinda a la oralidad un alto potencial didáctico en las aulas académicas. Las estrategias pedagógicas basadas en la memoria viva, tales como las actividades extracurriculares, las visitas patrimoniales, el análisis audiovisual y el contacto con los protagonistas históricos, se oponen a la tendencia docente tradicional centrada exclusivamente en el manual escolar (Ciro Solórzano & Caro-Lopera, 2020). Al respecto, Meneses Varas (2020) sostiene que la historia oral constituye un recurso de gran potencial educativo que dinamiza las dimensiones del saber, el saber hacer y el saber ser, permitiendo al estudiante vincularse con la memoria empírica para transformar la enseñanza en una construcción cognitiva vivencial.

La entrevista constituye una fuente histórica cuyo análisis debe estar sustentado en una interpretación crítica, pues se trata de un relato abierto. Desde esta perspectiva metodológica, la historia oral constituye un complemento fundamental de los registros escritos, pues contribuye a conservar la memoria colectiva y a humanizar la interpretación de los acontecimientos del pasado.

En el aspecto empírico, el caso de Calixto Bristán ilustra con precisión esta transición de la teoría a la práctica metodológica. El primer acercamiento en 1978 permitió conocer a un hombre de 94 años, lúcido, comunicativo y de trato ameno, quien, desde el inicio, comenzó a narrar “algunas cosas que son muy reales de la historia de Panamá” pero que, bajo su perspectiva, permanecían ocultas en muchas fuentes escritas existentes (Chávez & de Thomas, 1978, p. IV).

Sus recuerdos no constituían simples anécdotas, sino experiencias vividas y estructuradas desde su realidad. Más que servir para ilustrar una teoría, su testimonio evidenció cómo una persona organiza su memoria activamente, cómo selecciona los hechos que considera importantes y les otorga sentido a partir de aspectos como el trabajo, la edad, los conflictos, la pertenencia social y la conciencia histórica.

Por consiguiente, registrar y evaluar una voz con densos matices sociohistóricos requirió un equilibrio entre la sensibilidad humana y la vigilancia científica. Como advierte Díez-Gutiérrez (2022), el conocimiento riguroso es fundamental para construir la memoria histórica, la verdad, la justicia y la reparación. Por ello, aunque el relato de Calixto Bristán mantenía coherencia, su testimonio se contrastó con cuestionarios y fuentes complementarias para verificar la precisión cronológica y estructurar los datos.

En consecuencia, Meneses Varas et al. (2021) sostienen que las fuentes orales deben someterse a una evaluación crítica tan rigurosa como la aplicada a los documentos escritos. Una entrevista no solo contiene información, sino también afectos, temores, dolores y recuerdos personales. Por ello, el compromiso ético exige obtener y resguardar la autorización del participante, regular el uso de los nombres propios, preservar la fidelidad del relato y cuidar la forma en que se publican los fragmentos de vida. El contraste documental no busca invalidar el testimonio del entrevistado, sino ampliar y profundizar la comprensión de su narrativa.

Humanizar la historia sin perder rigor

Humanizar la historia no significa agregarle emoción de manera superficial, sino reconocer que detrás de los hechos existieron personas, decisiones, temores, luchas y formas distintas de recordar. La historia oral ayuda precisamente a este propósito: Meneses Varas (2020) señala que esta metodología coloca a las personas en el centro del conocimiento histórico; mientras que Rodríguez López (2022) sostiene que los testimonios acercan la investigación a las experiencias cotidianas. En ambos casos, la voz no pretende reemplazar la evidencia escrita, sino ampliar la forma de leerla. La historia oral no debilita esta disciplina; por el contrario, la hace más amplia y cercana a la complejidad de la vida social, permitiendo interrogar a quienes trabajaron, migraron, cuidaron, resistieron o transmitieron recuerdos dentro de sus familias y comunidades.

En Panamá, esta mirada resulta especialmente necesaria dado que la memoria nacional se ha organizado, principalmente, alrededor de fechas patrióticas, documentos oficiales y figuras vinculadas al poder político. El testimonio de Calixto Bristán permite reconocer esa otra dimensión del pasado, demostrando que la nación también se construyó desde el trabajo, los pequeños oficios, las luchas sociales, las memorias familiares y las experiencias comunitarias. Por ello, su voz no debe entenderse como un simple recuerdo personal, sino como una forma de conocimiento histórico que necesita ser escuchada, contrastada e interpretada. Incorporar estos relatos al análisis permite evidenciar que los acontecimientos históricos no fueron experimentados de una sola manera; se hace necesario escuchar a quienes vivieron los procesos desde lugares menos visibles como ocurre en el caso de Calixto Bristán, cuyo testimonio muestra que cada persona los experimentó desde su lugar social, laboral y cultural, lo que ayuda a construir una mirada más crítica, inclusiva y cercana a la identidad panameña.

Asimismo, la investigación reciente demuestra que la historia oral sigue abriendo nuevas posibilidades. Estudios actuales como los de Smyth et al. (2023) exploran su dimensión digital y multimodal; Skilton (2024) analiza la recopilación rápida de testimonios en situaciones de desastre, y Chansky (2024) relaciona la escucha oral con la crisis climática. Aunque estos trabajos surgen en otros contextos, todos recuerdan algo esencial: la historia oral cambia sus preguntas, pero conserva su base metodológica: escuchar, grabar, contrastar e interpretar.

Desde una perspectiva académica, trabajar con procesos históricos reconstruidos mediante testimonios orales facilita el aprendizaje activo, vivido y construido. La historia es un estudio del pasado analizado, comparado y reconstruido, que considera la subjetividad testimonial como evidencia empírica de gran relevancia para la interpretación historiográfica (Meneses Varas et al., 2019; Ortega Cervigón, 2024). La inclusión en el ámbito educativo de la memoria histórica permite transformar el aula en un espacio práctico y afectivo de investigación, donde el pasado no se recibe como una verdad cerrada, sino como una experiencia que puede ser interrogada, contrastada y comprendida desde la voz de sus protagonistas (Benadiba & Plotinsky, 2001; Meneses Varas et al., 2020).

Por lo tanto, la inclusión de la memoria histórica en la escuela no es una innovación de este siglo, sino la introducción de juicios éticos inevitables en su transmisión y construcción. Estos juicios están cargados de emociones e implican posicionamientos frente a las víctimas, los responsables y los observadores. Tales afectos influyen en la interpretación de la realidad y confirman que la historia y la memoria son, por su propia naturaleza, campos controvertidos. (González & Pagès, 2014). Aunque existe un corpus teórico y empírico consolidado en las disciplinas de la historia y la memoria, la traducción de esos avances a la didáctica escolar todavía está incompleta. Por lo tanto, integrar la tradición oral y los valores ancestrales en los currículos es una oportunidad para enriquecer el aprendizaje activo, respetar la pluralidad cultural y fortalecer las identidades (Sáez Rosenkranz et al., 2021; Sinisterra & Ruiz, 2024).

Conclusiones

El ensayo permite valorar el aporte de las fuentes orales en la reconstrucción de la memoria histórica panameña. Estas fuentes amplían la comprensión del pasado porque compilan experiencias, recuerdos, emociones y significados que muchas veces no aparecen en los documentos oficiales. Su importancia no está en reemplazar las fuentes escritas, sino en complementarlas y contrastarlas con sentido crítico. A través del análisis del testimonio de Calixto Bristán, se evidencia que este no debe leerse sólo como una narración individual sino como una fuente para comprender cómo los sectores populares interpretaron los cambios políticos y sociales de su tiempo. Allí radica su aporte para repensar la memoria histórica nacional desde una mirada más cercana a la vida cotidiana.

En el ámbito panameño, la historia oral abre espacio a sujetos y comunidades que han quedado en un lugar secundario dentro de los relatos tradicionales. Al escuchar esas voces, la historiografía se vuelve más amplia, más humana y cercana a la realidad social. En este marco, el testimonio de Calixto Bristán tiene un valor especial, ya que permite observar cómo algunos acontecimientos de la historia panameña como la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá de Colombia fueron vividos e interpretados desde la vida laboral y las primeras formas de organización obrera. Estos acontecimientos no aparecen como datos aislados, sino como hechos vinculados con experiencias de trabajo, movilidad, desigualdad y conciencia social. Así, la narrativa oral no reemplaza al documento oficial, sino que lo confronta y complementa críticamente, revelando las emociones, temores, silencios y significados de los protagonistas populares omitidos.

No obstante, es necesario reconocer la limitación de este análisis: el estudio se centra en la experiencia biográfica de 1978 con Calixto Bristán, lo que dificulta la posibilidad de contrastar aquellas vivencias con otras memorias de la misma época. Asimismo, el acceso a este tipo de fuentes se enfrenta a la fragilidad biológica de los testigos históricos y a la dispersión de los registros existentes. Para mitigar estos sesgos, se subraya la necesidad metodológica de procesar la oralidad bajo estrictos criterios éticos, garantizando la preparación minuciosa, el consentimiento informado, un registro técnico adecuado, una transcripción fiel, el resguardo seguro de la información y, fundamentalmente, un contraste documental sistemático que asegure su validez científica.

Finalmente, se plantean como líneas futuras de investigación la implementación de proyectos de historia oral digital con alcance de archivos escolares y comunitarios en Panamá antes de que desaparezcan, ya que pueden convertirse en recursos valiosos para la investigación y la enseñanza de la historia. Conservar estas voces amplía las fuentes disponibles para la historiografía panameña y permite reconocer la diversidad de experiencias que forman parte de la memoria nacional. En el aspecto educativo, integrar recursos educativos abiertos (REA), implementar estrategias basadas en la memoria empírica, promover el contacto con los protagonistas secundarios de la historia e integrar la investigación colaborativa para transformar la enseñanza que brinde a la nueva generación una conciencia crítica que garantice el derecho al recuerdo con una visión social inclusiva.

Referencias

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